REYES DE MAURETANIA, Juba II. Denario. (Ar. 2,24g/18mm). 21 d.C. (Año 46 de reinado). Caesarea. (Mazard no cita; SNG Copenhagen no cita; MAA no cita). Anv: Cabeza laureada de Juba II a derecha, delante leyenda: REX IVBA. Rev: León saltando a derecha, entre las patas delanteras: ¿hoja?, en exergo: RXXXXVI. MBC+. Inédito y extremadamente raro ejemplar, solamente tenemos constancia de ejemplares con reversos parecidos pero sin la fecha de reinado en el exergo.
Juba II fue un rey cliente de Roma que gobernó Mauritania entre el 25 a.C. y el 23 d.C., y cuya historia personal resulta inseparable de la de su padre, Juba I de Numidia. Tras la derrota de este último frente a César en la batalla de Tapso (46 a.C.), el joven Juba fue llevado a Roma como prisionero para desfilar en el triunfo del dictador, según la costumbre romana con los hijos de los reyes vencidos. Allí se crió bajo la tutela de Octavia, hermana de Augusto, recibió una esmerada educación grecorromana, adoptó la ciudadanía romana con el nombre de Gaius Julius Juba y se ganó la amistad del futuro emperador, a quien acompañó en algunas de sus campañas militares.
Cuando en el 25 a.C. Augusto decidió poner fin a los ocho años de vacante del trono de Mauritania —reino que había quedado sin monarca tras la muerte de su último rey, Boco II—, eligió a Juba como solución ideal: un príncipe africano de sangre real, perfectamente romanizado y personalmente leal al emperador. El reino que se le otorgó fue además ampliado con territorios de los gétulos, lo que reforzaba su utilidad estratégica para Roma en el control del norte de África.
A pesar de su condición real, el papel político de Juba era en la práctica decorativo. Roma lo mantenía como rey cliente útil para legitimar su presencia en la región y romanizar el territorio. El soberano canalizó sus energías hacia las artes y las letras, convirtiéndose en uno de los intelectuales más prolíficos de su época: escribió obras sobre historia, geografía, botánica y arte en griego y latín, frecuentemente citadas por autores posteriores como Plinio el Viejo, Estrabón o Plutarco, aunque ninguna ha llegado completa hasta nosotros. Se le atribuye incluso haber sido el primero en describir la planta Euphorbia, nombrada en honor a su médico personal. Embellecio su capital, Iol, rebautizada Cesarea —hoy Cherchell, en Argelia— en honor a Augusto, convirtiéndola en una ciudad helenístico-romana de primer orden, con teatro, templos y una corte que atraía artistas e intelectuales. Se le atribuye además el envío de una expedición a las Islas Afortunadas, las actuales Canarias, cuya descripción recoge Plinio el Viejo y que constituye uno de los primeros testimonios escritos sobre ese archipiélago.
Hacia el año 19 a.C. contrajo matrimonio con Cleopatra Selene, hija de Marco Antonio y Cleopatra VII, igualmente criada en Roma por Octavia tras la ejecución de su madre. La unión fue una decisión política de Augusto tanto como dinástica: mantenía a la princesa ptolemaica honorablemente alejada de Egipto, al tiempo que dotaba al reino mauritano del prestigio del linaje lágida. Cleopatra fue asociada formalmente al poder, como atestiguan las numerosas monedas con ambos retratos, y se cree que su influencia explica en parte la marcada orientación egipcia de la corte de Cesarea y de la iconografía monetaria del reinado. De su unión nacieron una hija, Drusila, y un hijo llamado Ptolomeo, nombre escogido deliberadamente para reivindicar la ascendencia lágida.
Económicamente, el reino era próspero: exportaba madera de cedro y citro, tintes de múrex para la famosa púrpura gaetulica y animales para los juegos romanos, y mantenía una intensa actividad comercial con la Bética hispana, de donde se importaba la plata para la acuñación de moneda. Precisamente la numismática de Juba II es una de las fuentes principales para conocer su reinado: abundante, variada en tipos y leyendas, y redactada en latín, griego y púnico, refleja con claridad el carácter híbrido y cosmopolita de su reino.
Cleopatra Selene murió hacia el 5/6 d.C., y Juba la sobrevivió casi dos décadas. La posible asociación de su hijo Ptolomeo al gobierno en los últimos años del reinado sigue siendo debatida por los historiadores; las monedas con dos efigies sugieren que, de haber existido tal corregencia, no se habría formalizado hasta muy al final, quizás en torno al año 20 d.C. Juba murió en el 23 d.C., dejando un reino en apariencia estable pero cuyo destino estaba ya sellado. Ptolomeo de Mauritania, su sucesor y último rey de la dinastía, sería asesinado por orden del emperador Calígula en el año 40 d.C. durante una visita a Roma. Su muerte sin herederos provocó la anexión directa del territorio por Roma, que lo dividió en dos provincias: Mauritania Tingitana y Mauritania Caesariensis, borrando para siempre la independencia de un reino que bajo Juba II había alcanzado su máximo esplendor cultural e intelectual.